sábado, 27 de febrero de 2010

Un recuerdo con olor a mandarina

Con un suave impulso, el cilíndrico brillo de labios comienza a rodar por la mesa, una mesa llena de libros y papeles, que por otro lado, han perdido toda su importancia, ahora sólo existe ese cilindro semi- transparente que va, y viene, y va... sus giros son irregulares, sin duda un lado pesa más que el otro.
Deja de rodar, ahora ella juguetea con el brillo entre sus dedos. Se escucha una tele, y una radio, sí, el gol en morse delata el "Carrusel" en la otra habitación. El aire huele a... humm, el aire huele a lluvia, a tierra y a corteza mojada. Por la ventana entra una brisa húmeda, debería cerrarla, pero es tan agradable...
En el continuo jugueteo de sus manos termina por desenroscar la tapa del tarrito, el olor a mandarina y ese intenso color naranja le traen recuerdos de un tiempo quizá más feliz, de pronto tiembla y nota como se le va poniendo la carne de gallina, definitivamente cierra la ventana, plenamente consciente de que el aire que por ella entra no es la causa de su reacción.
Su memoria retrocede hasta aquel mismo Año Nuevo, revive a la perfección aquella imagen, la de las luces del minúsculo árbol de Navidad, ahora encendidas, ahora apagadas, lazando destellos multicolores, el zumbido de una tele que apenas descansa ocho horas diarias, el murmullo de conversaciones sobre la nada, y más lejos, semi-absorbida por el ruido de la campana extractora, una vieja canción sobre dos cruces negras en una voz dulce y familiar. Una ligera vibración en su muslo derecho la saca de su ensimismamiento, y al ver el nombre en el mensaje de texto se le acelera ligeramente el pulso y sus labios dejan escapar una sonrisa. Caminando de puntillas para no hacer sonar los tacones llega hasta otra habitación, allí llama, charla, ríe, y mientras lo hace no puede evitar mirar por la ventana. Aun siendo enero, las rosas no han caído, hace semanas que perdieron su belleza roja y aterciopelada, pero conservan esos otros colores, esa textura tan especial y tan bonita.
Cuando por fin escucha un "ciao amor" de su interlocutor, se despide con una sonrisa tierna, coge la cámara y sale. Fuera hace un frío gélido y seco, se sube al asiento de piedra y alcanza aquella flor, mucho más delicada ahora que en su esplendor durante el verano.
- ¿Qué haces ahí subida?
- Una foto.
- Anda, baja y entra en casa, que no llevas ni chaqueta.
Terminó aceptando las indicaciones de aquella voz tan familiar, la misma que ahora le dice:
- Descansa un rato hija, llevas tres horas estudiando.
Ella se fija en el pequeño tarro todavía destapado que sostiene en sus manos. Estudiar, sí, eso estaba haciendo...

lunes, 22 de febrero de 2010

Paradojas del iloveyou

En uno de esos extraños momentos en los que vi más de tres minutos seguidos de telediario, resulta que hubo una noticia a raíz de otra noticia que me llamó la atención. La noticia base era que los jefes ahora miran en feisbuk antes de contratarte (pssst, sin comentarios), pero la que me llamó la atención era otra, un recorrido por varios hackers de la historia, y entre ellos, el creador de "ILoveYou", que según decían no llegó a conseguir su tesis...

Vaaaaya, pensé, tiene narices... el tío creó un virus que infectó 50 millones de ordenadores, incluidos los del Pentágono, la CIA y el Parlamento Británico, eso, por no hablar de empresas... vale, era un cabrón, pero la tesis de informática... cómo pueden no darsela??
Con esa duda me quedé... porque en el fondo, creo que me pasa como con Baldomera...

¡¡Qué cabrón el del ILoveYou!! :P

lunes, 15 de febrero de 2010

Una mañana políglota

Me despertó una musiquilla ascendente. Era el despertador del móvil, lo paré y miré la hora, quizás aún fuera pronto. Agucé el oído intentando escuchar algo, tintineo de las tazas del desayuno, alguna conversación entre susurros, un grifo abierto... pero nada, sólo se oía un repitiqueo más o menos rítmico, ¡ah! era la lluvia contra el cristal, miré hacia la ventana y reparé en un detalle que no había visto la noche anterior, no se veía el exterior, unas contraventanas de madera pintadas de blanco lo impedían. Estaba a punto de levantarme para inspeccionarlas cuando oí unos pasos, alguien se había levantado, me senté en la cama y pensé "¿Qué hago?Puedo bajar, pero si no hay nadie en la cocina... ¿les parecerá mal que rebusque algo en los armarios para desayunar?... Mejor espero, porque dgo yo que alguien vendrá a avisarme ¿no?..." En esto estaba cuando escuché dos voces susurrando y reconocí una de ellas como la de mi intercambiada, tras ello unos pasos que venían hacia mi cuarto. Me levanté al tiempo que se abría la puerta.
Cuando llegamos a la cocina todo estaba preparado ya, y con todo me refiero a un brick de leche, otro de zumo, una caja de cereales, y una cajita pequeña donde había algo parecido al Cola-cao (y que obviamente estaba allí, única y exclusivamente para mí). Y con el desayuno la pregunta estrella 'ça va?' esta vez acompañada de un 'tu as bien dormi?' (¿has dormido bien?). Yo contesté que oui y que oui. Pero ahí volví a darme cuenta de que la mère me creía... no sé... ¿corta?. Concretamente cuando empezó a hablar con la hija.
-Demande-le si elle a eu froid cette nuit, on peut mettre une autre couette si elle veut. (Pregúntale si ha tenido frío esta noche, podemos ponerle otro edredón si quiere). Yo estaba allí, comprendía perfectamente, y me pregunté cual sería el extraño motivo por el que no me hablaba a mí directamente.
-Tu as eu froid? Tu veux une autre couette? (¿has tenido frío?¿quieres otro edredón?) - me preguntó mi intercambiada. Y cuando yo iba a contestar que no, que estaba bien así, volvió a hablar la mére, dirigiéndose a su hija, of course.
- Mais ne dis pas couette (Pero no digas "couette")- y mirándome a mí con cierta compasión me dijo - Une autre coberture? tu comprends? (¿Otra colcha? ¿Lo entiendes?)
- Oui, une couette, j'avais compris, mais non, je n'ai pas froid, ça va comme ça. (Sí, un edredón, lo había entendido, pero no, no tengo frío, está bien así)
- Tu vois? Elle avait compris couette! (¿Lo ves? ¡Había entendido "edredón"!) - dijo mi intercambiada a la mère, apuntándose una victoria que era más bien mía. "Al menos alguien confía en mí francés" pensé yo.

Aunque durante prácticamente todo el viaje estuvimos viajando, la primera mañana teníamos que ir al lycée. Y allá que fuimos, mientras esperábamos en el patio, pude ver y hablar unos segundos con algunos de los españoles, antes de que Manon me dijese los cinco nombres de las cinco amigas a las que saludé y olvidé casi de inmediato. "Delfine, había una que se llamaba así, ¿pero cual? ¿la rubia pequeña de gafas y coleta? ¿la rubia alta de coleta? ¿la más gordita?... joder, ¿por qué todas eran rubias y llevaban coleta?..." Conseguí quedarme con uno de cinco, y no tenía mucho mérito, mi intercambiada me había hablado tantas veces de su mejor amiga, Chloé, que prácticamente ya la conocía (y por supuesto, era rubia)
Nuestra primera clase era gimnasia, un partido de balonmano, dijo la profesora. Lo de jugar era un decir, la pelota sólo la tocaban los auctóctonos, a las cuatro españolas presentes nadie nos tenía en cuenta. Recuerdo que estaba hablando tan tranquilamente con otra cundo me llegó un pase, llegó y se fue, todo hay que decirlo, porque yo hacía un rato que había dejado de estar pendiente del juego. Miré al chico que me había pasado, él me miraba con gesto de asombro (más bien de "¿pero, qué haces?Ese pase era perfecto") y en verdad lo era, porque yo estaba prácticamente sola y bien cerca de la portería, lo miré intentando disculparme, al fin y al cabo él había sido el único considerado que me había contado como jugadora y yo acababa de hacerle perder un gol a su equipo, que hacía rato había dejado de ser el mío.
La clase siguiente era español, la profesora era una mujer agradable, que nos repartió unas fotocopias con juegos de palabras que nos repartíamos entre los seis españoles de aquella clase. Pero la siguiente era latín, y yo era la única forastera, además, había un profesor que hablaba sin abrir la boca. Dejé de prestar atención aproximadamente a los veinte segundos, ya sólo oía un runrún del profesor, y de vez en cuando la respuesta dudosa de algún alumno.
Cuando por fín acabó aquella hora interminable, volvimos al patio, era algo que no entendí, pasamos un cuarto de hora allí, para luego volver a casa a comer, aun así fue agradable, hubo una extraña disertación, donde yo me ví obligada a explicar la diferencia entre el significado de "estar caliente" y "tener calor"

jueves, 4 de febrero de 2010

Vueltas y cambios

- ¿¿La Plumi se ha fugado?? ¡¡Uy, esto es que se acaba el mundo!!
Ese fue el comentario que lo desencadenó todo, formulado por un compañero de clase que nos hizo reír al resto. Sabed que La Plumi es otra compañera, que va a clase siempre siempre, una de estas excepciones en el mundo estudiantil que realmente estudia todos los días, tengo que decir que yo no tengo nada contra ella, es libre de hacer lo que le de la gana, pero no todo el mundo opina lo mismo de ella (especialmente cuando alguien dice: ¿Y si nos vamos todos ahora? ella dice que no). Por esto se nos hacía tan raro que no estuviese aquel día en inglés (porque inglés es de esas clases en las que más se tiende a formular la pregunta mágica), pero no terminó ahí.
Los cambios habían comenzado, había entrado en el vórtice, y empezaron a suceder, más y más rápido, aparentemente inapreciables unos, impresionantes otros, pero más y más fuertes, más y más seguidos...
El Naufri tiene novia. ¿Qué dices? Que sí, que los vieron ayer. Pero... que grima, ¿y ella es igual que él? No, dicen que ella es normal. Joder... Esta fue la segunda alarma, ¿se estaba acabando el mundo realmente?
Y después de esto minicambios, inapreciables quizá, una palabra que jamás había escuchado, de repente todo el mundo la utiliza, las cosas comienzan a volverse extrañas, la profesora que jamás venía viene, lo que había estado parado tres meses arranca, lo que me hacía reír, ahora se ha convertido en rutina...
Y empiezo a pensar, que quizá cosas que antes hacía con la mayor alegría del mundo, ahora ya no me terminan de agradar, pero eso significa dejar de lado cosas y personas, y aun así, no siento nada, no me da pena, lo que antes necesitaba ahora ni siquiera lo echo en falta, y no me da pena, y entonces, quizá lo mejor sea dejarlo ahí, si tan sólo pierdo tiempo, y encima no me hace bien...
Y siguen pasando cosas, y sigue habiendo cambios, más y más cambios... y ¿estás bien? No. Bueno, todo pasará. Pero lo que no se explicar es que tampoco estoy mal, simplemente no siento nada, ni siquiera nervios.
Y siguen los cambios, y me descubro riéndome con la compañera a la que no he conseguido aguantar en todo el trimestre, y de repente un examen de mates corto (oh dios mío, ¿será el primero, o el único?), y la gente sigue utilizando esas palabras. Pero espera, ahora sí, me da pena dejar ese mundo, aun así, sigue sin agradarme, sin hacerme el bien que me hacía antes, quizá sea mejor dejarlo antes de que sienta demasiado y no sea capaz.
Y allá que voy, empezando por lo difícil, pero no lo más difícil. Y entonces sí que siento, media tarde de lágrimas lo demuestran, pero sigue siendo lo mejor, o eso creo... Y después de esa media tarde, nada, voy ligera, todo ha parado, y me fijo, y todo vuelve a la normalidad, Plumi va a clase siempre, siempre, la profesora que falta vuelve a faltar, lo que llevaba tres meses parado vuelve a irse al garete, y... espera, ¿vuelvo a pasármelo bien? eso parece, aunque quizá, quizá deba estar segura antes de volver atrás, pero sí, todo vuelve a la normalidad, la seguridad aumenta día a día, he salido del vórtice y todo vuelve a la normalidad.
Bueno, todo no, Naufri se ha casado...

jueves, 28 de enero de 2010

Aynsssss...

¿Sabíais que tg(2α)= 2·tgα/1- tg2α y que ?

Pues ale... yo llevo toda la tarde intentando no olvidarlo...

viernes, 22 de enero de 2010

El primer contacto con un nuevo mundo

Antes de empezar: me quedé bajando de un autobús, ¿recodáis? A partir de ahora será todo diferente, todos los ocupantes del vehículo nos hemos convertido en forasteros, y como tales vamos a tener que sobrevivir... Lo que quiero decir es que para ser fiel (juaaaas) a la historia, voy a contárosla en versión original, por supuesto, traduciré, eso sí, no voy a hacer traducciones literales, así que, al que no le gusten... que se compre un diccionario(=P). Otro de los puntos importantes son los pensamientos, esas ideas fugaces que nunca terminé de expresar hablando por diferentes motivos, pero que de vez en cuando serán esenciales en la historia, las pondré en este mismo azul.
Y bien, habéis captado el mensaje?? Bueno, pues sigo =D.


Cuando salimos el aire era fresco, hacía poco que había dejado de llover, todavía chispeaba. Nada más bajar encontré a mi intercambiada, o ella me encontró a mí, quién sabe.
- Je vais chercher ma valise. (Voy a buscar mi maleta) - le dije señalando hacia el compartimento donde se agrupaban ya muchos de mis compañeros. Volví al instante y entonces sí, la abracé, saludé en condiciones y le hice las preguntas de rigor, era una suerte, pensé entonces, que ella hubiese venido antes a casa.
- Vamos, ma mère es allí, me dijo indicándome el camino hacia una mujer rubia que de no haberme fijado nunca habría distinguido de las estudiantes (como ya dije, había poca luz, además la mujer no era muy alta, y no se conservaba eternamente joven, pero casi, ya os contaré más adelante).
La "mère" me saludó con un 'hola' que más tarde confesó haber ensayado. Se hicieron las presentaciones, los dos besos y el típico 'ça va?' (¿qué tal?/¿todo bien?) que en muchas ocasiones ni siquiera espera respuesta.
Entonces, cuanto yo ni siquiera me había planteado que en algún momento tendríamos que salir de allí, la mère me sorprendió con un 'on y va?' (¿Vamos?), mi intercambiada me miró esperando mi asentimiento, pero antes de que pudiera decir nada, noté un tirón en el brazo.
- Nuria, que no encuentro a Myriam, ¿la has visto? - Sí, Myriam era la intercambiada de Vivis, tras negarle con la cabeza, me giré hacia la mía propia.
- Manon, tu as vu... (¿has visto...). Pero no pude terminar, apareció la esperada, se abrazó con mi amiga y nos despedimos todos hasta el día siguiente.
Salimos de allí, pero el día no terminaba ahí, comprendí porqué la mère tenía tanta prisa enseguida, un Landcruiser negro esperaba aparcado en doble fila. Cuando cargamos la maleta y nos pusimos en marcha dijo frotándose las manos:
- Tu as froid? ça va? (¿tienes frío?¿va bien? lo sé, la traducción suena un pelín estúpida, pero pilláis el concepto)
- Oui, ça va...À Teruel, il a neigé ces jours (Si, todo bien... En Teruel ha nevado estos días)
Esas fueron mis primeras palabras en francés, dejando a un lado saludos y cortesías.
La mère contestó con un 'Ah, elle parle français!!' como si eso fuera algo que no esperase, decidí no pensar en ello y concentrarme en seguir respondiendo preguntas sobre el viaje.

La casa era algo así como una unifamiliar con un trocito de jardín, nada más abrir la puerta, un perro pequeño (pero lo suficientemente grande para no ser perro-patada) salió a recibirnos. Entrando un poco más, la cocina concretamente, apareció otro especimen "¡Ese no puede ser el padre!", pensé. Ante mí estaba un tipo grande (no solo alto, grande), que vestía unos vaqueros de estos de siempre, que no es que sean así, es que están desgastados, una camiseta cualquiera, y una cabeza a la quedaba poco para ser calva, pero que el poco pelo que tenía apuntaba en direcciones completamente variadas e inusuales. Y sí, mis impresiones se confirmaron, era el père. Lo mismo de siempre, saludos, dos besos...
El siguiente paso fue enseñarme la casa, tenía dos pisos, abajo cocina, salón, baño y comedor, y arriba, las habitaciones, el baño y el toilette (leerlo toilete, tal como está escrito, queda más gracioso :P) y por último, al fondo, mi habitación. Se veía de lejos que ese cuarto no era utilizado habitualmente, las paredes estaban recubiertas de un papel azul con un estampado blanco, un armario a la derecha, y la que iba a ser mi cama, junto con unas estanterías a mi izquierda.
Después de volver a bajar por aquella escalera de madera que delataba al más sigiloso y rechazar un par de veces la cena para terminar comiéndome un plato de sopa, me preguntaron que quería hacer, quién iba a pensar, que gente que cena a las 7:30, no se habría acostado a las 11:30 de un día normal.
- Aller dormir, peut être? (Ir a dormir, ¿puede ser?)
La mère me contestó que sí, y tras desear a todos buenas noches très poliment, subí a mi habitación dispuesta a dormir, no sin antes reparar en un extraño compañero que se situaba al borde de mi cama...

miércoles, 20 de enero de 2010

Personajes curiosos (edicion ¿deluxe?)

No, hoy no sigo con mi viaje, y no, tampoco voy a volver a hablaros de profesores. Esta entrada va para todos esos tíos que se creen más duros que una fábrica de Trangos, especialmente a aquellos que no lo son ni de lejos y aun así lo siguen intentando. Sí, porque son los creadores de momentos impagables como el que os quiero contar.
Hace unos... no sé, tres o cuatro años, cuando aún tenía clase de música obligatoria, a mí clase venía un chico, digamos... peculiar. Y no es que fuera demasiado raro en realidad, yo siempre lo vi normalito, eso sí alto como un pino (sí, lo admito, lo de tonto como un pepino de vez en cuando también le sentaba bien =P). El chico, como decía era normal, nada destacable, quizá fue por eso, para ser diferente en algo, que el decía ser "heavy".
Vamos por partes, el tío siempre vestía de negro, no lo niego, y sin llegar a una melenaza, tenía el pelo más largo que la media (la media de los demás, no la media y el calcetín, a Pamplona hemos de ir...), incluso puedo asumir que llevara rock, hasta metal, en el mp3; pero no sé, yo nunca me lo creí como tal...
Como decía, la clase de música era obligatoria, y nuestro profesor era... digamos... manipulable... Bueno, que era algo así como no hacer nada durante 40 minutos y tocar la flauta 10.
En fin, que en uno de estos ratos en que el pobre hombre consiguió que se le oyera entre la multitud, intentó dar algo de historia de la música, no recuerdo qué, sólo que nombró a los Beatles, y con ellos 'Let it be'.
Para entonces la clase se había vuelto a desmadrar, y alguien que estaba en la fila de detrás le preguntó a aquel individuo alto, rubio y heavy (según él mismo afirmaba) que se sentaba a mi lado: -Que, los Beatles, ¿esos los escucharás tu no?
Nuestro tipo duro contestó que por supuesto. Ahí la cosa empezó a darme miedito (xD), pero aun faltaba lo mejor, tras una nueva pregunta del de atrás, algo como que si conocía la canción esa que decía el profesor, volvío a contestar que claro que sí. Cual fue mi sorpresa, cuando al pedirle que tarareara 'Let it be', él empezo a agitar la cabeza en plan heavy-metal-mega-malote y a cantar con una voz rasgada y de ultratumba let it be, let it be (porque de ahí no salía), vamos, para verlo, le faltaba la percusión. La gente de detrás no se imutó, volvieron a sus conversaciones anteriores, pero yo no pude evitarlo, y empecé a reír, era tan... como diría Alma, criaturica de LOL, entonces sí, mientras yo me recuperaba, el profesor había conseguido abrirse camino hacia el estereo y empezó a sonar una canción ¿Adivináis cual?


jueves, 14 de enero de 2010

Unas catorce horas de viaje... (parte II)

Por fin arrancó el autobús, a los casi cuarenta alumnos se nos unían cuatro profesores, dos de cada instituto (aclarar que ni la compañera ni yo conocíamos mas que de vista a las del nuestro) y por supuesto, los dos conductores.
Del principio del viaje no recuerdo nada en especial, supongo que todo fue normal, hablando, haciendo fotos, o incluso dibujando. En algún momento paramos, supongo que a almorzar, sólo recuerdo el nombre del bar "El Pistolo"
Volvimos al bus y otra vez lo mismo, risas, conversaciones de todo y de nada, incluso puede que alguna partida de cartas. Llegamos a Irún sobre mediodía, paramos en un ¿hotel?¿bar? no lo sé, fuera había una gran explanada donde aparcaban tanto camiones como autobuses, y de uno de estos empezó a salir gente. "¡Menuda maravilla!" diréis, pero no era gente corriente, en su mayoría hombres, altos y grandes, todos con la misma camiseta azul, entre ellos destacaba una chica castaña, más bien bajita y delgada y que vestía diferente al resto.
Cuando la compañera y yo salimos del bar tras un infructuoso intento de las profesoras de aclarar quién era Virginia y quién Nuria (y no es que nos parezcamos físicamente, cualquiera lo confirmará), descubrimos que la chica pequeñita era la única que hablaba un castellano decente, fijándonos un poquito más, pudimos ver el S04 de sus camisetas, pero si había una prueba clara de que aquellos tipos eran alemanes, esas eran las salchichas. Unos instantes después se agruparon todos y comenzaron a cantar, ¿Qué? Ni la más remota idea.

Permanecimos allí un poco más, saqueando el jamón, chorizo y demás que llevaban las profesoras, para por fin, volver al autobús. Continuamos con nuestro viaje, buscando nuevas e inexploradas emisoras de radio, pasando la frontera, comiendo pastelitos de queso (cortesía de los profesores) y kitkats, regalices y cosas varias (cortesía propia)
Volvimos a parar cuando estaba anocheciendo, no diré que paramos en la nada, porque había un edificio. Lo que en teoría eran unos baños, resultaron no tener vater, sino una especie de ducha con agujero en el suelo. No tardamos mucho en salir de allí, y ponernos otra vez en marcha.

Serían las 9 cuando por fin llegamos a la ciudad, era noche cerrada, por supuesto, pero todos intentábamos ver más allá de lo que las farolas nos mostraban, después de recorrer una calle que empezaba a hacerse eterna, el conductor giró a la derecha, metiéndose en una especie de callejón (resultó ser el aparcamiento del lycée, pero en principio daba mal rollo). Entonces vimos un montón de gente esperando y se escuchó un murmullo general "Es aquí". En cuanto se apagaron los motores, todos fuimos directos a la puerta, por fin, tras casi catorce horas de viaje, habíamos llegado.

jueves, 7 de enero de 2010

Unas catorce horas de viaje... (parte I)

El autobús salía a las 7:30, la maleta estaba hecha, llevaba los regalos, toda la ropa, bocadillos y demás provisiones, el horario y un cosquilleo juguetón en el estómago que me impedía estarme quieta.
Por fin, salimos de casa, bajando las escaleras todo lo silenciosamente posible con una maleta a cuestas y cuando por fín cruzamos el portal... "¡¡Joder, que frío!!" y eso que era marzo... Cargamos todo en el maletero y montamos en el coche (siempre añoraré ese coche), no nos costó ni 5 minutos llegar al lugar donde nos recogería el autobús, pero esperamos algo más, aunque yo me moría de ganas de salir, las autoridades supremas sostenían que fuera hacía demasiado frío para estar esperando así porque sí.

Cuando se cansaron de verme pegar botes en el asiento de atrás, decidieron que era hora de salir, y allá que fui, buscando a la que iba a ser mi compañera en aquella aventura. La encontré enseguida, es importante que os quedéis con su cara, sale mucho en esta historia ;) Y como siempre, mi pequeña amiga estaba dándole vueltas a algo.
- Oye, ¿cómo es tu maleta de grande?- me preguntó
- Pues no sé, normal, pero está en el coche ¿por?
- Es que las de todas las demás son así pequeñas y mira la mía.
Miré hacia abajo, una maleta azul, grande sí, pero no demasiado, descansaba a su espalda; la verdad es que la mía era más pequeña, busqué a mi alrededor y entonces ví a una de las chicas de la otra clase bajando de su coche, llevaba una maleta exactamente igual que suya pero en rosa...

Seguimos esperando, hablando todos en corro, de todo y de nada, entonces llegó otra chica arrastrando una maleta.
- Ays, ya pensaba que llegaba tarde. Es que esta mañana, ¡¡me he levantado con unos pelos de leona!!
Me fijé en ella un momento, "¿de leona?" pensé, tenía un pelo liso perfecto, miré el tirabuzón que caía sobre mi hombro y no pude evitarlo, se me escapó esa sonrisilla tan mía.

En algún momento que no recuerdo con exactitud llegó el autobús, en cuanto metimos la maleta y contestamos que sí a todos los 'ten cuidado', 'pórtate bien', 'llámanos cuando llegues', etc que las madres no pueden evitar decir, repartimos besos y abrazos y subimos a aquel cacharro, a la espera de que el conductor terminase por fin de fumar y decidiese llevarnos...

lunes, 4 de enero de 2010

Otro comienzo...

Y no me refiero al de 2010 (noooo, al de 2011 tampoco =P).
El caso es que iba a escribir sobre el año nuevo, las noticias más destacadas del 1 de enero, me encantó una sobre rusos, pobres, nadie entiende el frío que tienen que aguantar...
Pero de todas maneras, como ya es tarde para hablar de esas noticias, voy a proponerme otra cosa, un nuevo comienzo, una nueva serie, esperando que esta tenga más éxito que otras que algún día pienso retomar (o eso quiero creer...).
Os pondría que es próximamente, pero luego aparece gente reclamándome dos euros y...
en fin, que os quiero =P